El Bienvenido
«Quítate la blusa». «No, ¿y eso para qué?». «Quítatela». «No, no, hasta allá tampoco. No». «Ven, quítatela. No te voy a hacer nada que no te vaya a gustar, te lo prometo. ¿No confías en mí?».
«Quítate la blusa». «No, ¿y eso para qué?». «Quítatela». «No, no, hasta allá tampoco. No». «Ven, quítatela. No te voy a hacer nada que no te vaya a gustar, te lo prometo. ¿No confías en mí?».
Fue hace quince años, un dieciséis de diciembre. Esa noche estábamos empiyamadas en la cama viendo televisión, luego de regresar de culto. No entendí el abrazo de mi mamá, quien de pronto se me abalanzó encima canturreando: «¡Mi niña, mi niña!». Luego del alboroto, bueno, qué pasó, y me mostró la señal en el mocho
Solo sobrevivió el pollito verde. Eran los noventa. Mis papás nos habían comprado un puñado de avecitas de colores en la feria, lo que para mi hermana y para mí fue un acontecimiento por lo menos fascinante. Como un juguete en diciembre, los pollitos vinieron en una caja plana de cartón con orificios laterales. Uno
Crónica de pollos y gatos Leer más »
«Tras muchos silencios y verdades a medias, finalmente supe los detalles de lo que había sucedido esa mañana de agosto en casa de mis abuelos…»
Ese balcón siempre olía a marihuana. Diana pasaba afanada escondiéndoselo a Pacho, pero yo creo que él se hacía el pendejo. ¿Acaso no le veía los ojos rojos todas las noches? ¿No le probaba la boca? Daba la impresión de que esa relación era una farsa, un convenio más que una unión, pero no era
Nací en Cartagena de Indias, una ciudad pequeñita y popular en el Caribe colombiano. Bonita de pi a pa, que digan lo que quieran. Es caliente. Hay dineros calientes también. Yo me fui porque tenía calor, aunque la extraño con frecuencia. Por eso siempre vuelvo, y en diciembre, que es más fresca. Pero en el
En el barrio, la trinchera Leer más »